El 3 de noviembre de 1881, Salomé Ureña fundó el Instituto de Señoritas, dedicado a la formación de maestras normales. Su obra poética y su labor educativa muestran que la historia artística también pasa por las aulas, la palabra pública y las oportunidades que una sociedad abre —o niega— a sus creadoras.
Pistas del cuaderno
Puntos clave
Salomé Ureña fundó el Instituto de Señoritas el 3 de noviembre de 1881.
Su objetivo fue formar maestras normales en un contexto de acceso educativo desigual para las mujeres.
ISFODOSU identifica seis primeras graduadas en 1887.
El Instituto funcionó hasta 1893 y reabrió en 1896 bajo las hermanas Pellerano de Castro.
La labor poética y la educativa de Ureña fueron dos formas relacionadas de intervención pública.
La escuela respondió a una desigualdad concreta: en su época, las oportunidades de educación formal para las mujeres eran limitadas. La historia institucional de ISFODOSU la ubica dentro de la expansión de las escuelas normales y la identifica como una ruta temprana de formación profesional femenina, no solo como un salón de clases asociado a una poeta reconocida.
La institución comenzó con un grupo reducido de alumnas y preparó maestras para trabajar en la enseñanza. En 1887 se graduaron seis normalistas: Catalina Pou, Leonor María Féliz, Ana Josefa Puello, Mercedes Laura Aguiar, Luisa Ozema Pellerano de Castro y Altagracia Henríquez Perdomo. La lista permite medir un resultado concreto del proyecto educativo.
La poesía y la pedagogía de Ureña no fueron trayectorias separadas. Sus poemas trataron asuntos de identidad, independencia y vida pública, mientras el Instituto convertía la formación de mujeres en una práctica institucional. Juntas, esas labores amplían la imagen de una autora: escribía para lectores y, a la vez, ayudaba a crear condiciones para que otras mujeres enseñaran.
Una escuela en una sociedad desigual
El acceso femenino a estudios avanzados no estaba normalizado. Crear una institución para formar maestras abrió una posibilidad profesional y pública allí donde muchas jóvenes recibían una educación más limitada o doméstica; el cambio fue importante, aunque no eliminó las barreras de clase, género o lugar de residencia.
La Comisión Presidencial de Apoyo al Desarrollo Barrial registra el 3 de noviembre de 1881 como fecha de creación del Instituto. ISFODOSU, institución heredera de la tradición normalista, añade que funcionó hasta 1893 y reabrió en 1896 bajo la dirección de las hermanas Pellerano de Castro.
Qué significaba formar maestras normales
La palabra “normal” se refiere aquí a la preparación docente dentro de las escuelas normales del siglo XIX. El propósito era formar maestras con estudios sistemáticos para enseñar, de modo que la educación de mujeres pudiera reproducirse en aulas y no depender únicamente de la transmisión dentro del hogar.
Esa dimensión multiplicadora distingue el Instituto de una iniciativa literaria o de una escuela elemental. La preparación de educadoras podía ampliar el número de niñas atendidas, aunque las fuentes consultadas no permiten calcular cuántas alumnas llegaron después a ejercer ni en qué localidades trabajaron.
Las seis primeras graduadas
ISFODOSU identifica a seis egresadas en 1887. Sus nombres importan porque muestran que la formación no quedó como una aspiración abstracta: hubo mujeres que recibieron acreditación normal y pasaron a integrar una primera generación de maestras formadas en el Instituto.
La graduación también señala un ritmo: desde la apertura en 1881 hasta la promoción de 1887 transcurrieron varios años de organización y estudio. Presentar el intervalo evita confundir el acto fundacional con la fecha en que el programa produjo sus primeras profesionales.
La poeta en el espacio público
ISFODOSU describe una obra poética vinculada con la identidad dominicana, la independencia y la democracia. Ese repertorio permite leer su escritura dentro de debates cívicos de su tiempo, sin convertir cada poema en un documento transparente de la vida política ni atribuirle un programa único.
La relación entre aula y poesía es también una cuestión de autoría: Ureña ocupó una tribuna literaria y una posición directiva en la educación. Recordarla desde ambos lugares muestra que la historia artística incluye instituciones, alumnas y trabajos de cuidado intelectual, no solo libros y celebraciones póstumas.